miércoles, 15 de septiembre de 2010

María y José

"Y Jesús dijo: amaos unos a los otros como Yo los amo a ustedes"
Jesús (Mi Pastor, Mi Guía y Mejor Amigo)

Dedicado a mi Amor: Adriana Carolina Prado Cordero

Antes de comenzar estas líneas, debo hacer dos aclaraciones: 

1.- El Amor por nosotros mismos se da cuando nos descubrimos y podemos entregarnos al amor a través de la persona amada. 

2.-Me Amo, Amo a los míos, y eso me hace creer, saber y entender  de la existencia de Dios. 

Comienzo este escrito recordando que La Biblia y cualquier otro libro sagrado fueron escritos por manos de Humanos como tu y yo, y eso nos permite como hombres de Fe poder dar la versión de nuestros hechos. Mejor dicho nuestra interpretación.

Con ustedes mi versión del encuentro de María y José. 

Siempre la primera vez de algo es asociado con la iniciación de lo sexual, pero lamentablemente nos olvidamos que "La primera vez" puede estar ligado a otras cosas de nuestras vidas, por ejemplo el probar algún alimento, tocar, visitar algún lugar o sentir algún sentimiento. En este caso: El Amor. 

Era María una muchacha introvertida, de principios, forjados por su familia, sus Padres se habían encargado de "levantarla" a ella y a su hermano,en lo intelectual, acádemico  y sobre todo con fuertes valores familiares. Amor, respeto, tolerancia y sensibilidad por el semejante eran alguno de ellos. 

María, así era su nombre, como el nombre de la madre de Jesús, como el de su abuela madre de su padre, o la tía que nunca conoció. Por aquello del árbol genealógico o tradiciones propias de nuestra latinoamericana. Fue la mayor y ejemplo de hermandad. De su vida antes de aquel encuentro se sabía poco, pero a la vez mucho. 

Por su parte José no escapaba a las críticas de sus amigos, por ser en primer lugar el más joven de todos y en segundo lugar el que ni siquiera tenía novia. 

Era entonces aquella tarde de diciembre cuando caía el sol, ella un poco más alegre que él. Él un poco más distraído que ella, en pocas palabras "algo normal". 

Caminando por el mercado popular de aquella ciudad, se encontraba María, buscando unas mandarinas, pues, en la tarde prepararía el postre favorito de su padre: El mousse de mandarina. José quien también estaba en aquella gran plaza del comercio buscaba era tomates rojos para una ensalada. 

María y José, dos jóvenes tan distintos pero tan iguales, solitarios, luchadores y enamorados de la vida. Ella apreciaba el canto de la mañana, ver como caía la tarde y sobre todo sentir la como el agua de la playa dibujaba en la arena sus pie. 

José un amante de la naturaleza, solía comprar flores para adornar su hogar y hacer sonreir a su madre. 

En una de las veredas principales del mercado, José vio de espalda, una joven cabello negro, un poco largo, no más alta que él, su voz fue lo que le llamo la atención cuando de su boca se desprendieron: "Por favor me da 17 mandarinas", no fue tanto la palabras que dijo, pues, para él era lo menos importante, era su voz, que desde aquel primer encuentro hizo que volteara para buscarla. 

Aunque intentó cruzar palabra con ella, la emoción de encontrar la dueña de aquella voz, lo dejo inerte, cual pieza de cerámica e museo. Sólo vio cuando se marchó y su perfil, su cara fue cubierta por el cabello que con el viento se movía. 

Al llegar a su casa, y preparando la ensalada Capresa que tanto le gustaba a su madre José recordaba la voz de aquella chica misteriosa, de nombre desconocido y que quiso volver a escuchar.  

Fue entonces nuevamente en la mañana del siguiente día que escuchó aquella voz, con suerte pudo abordar a su dueña y responderle "son mejores si suenan", agarrando un aguacate y agitandolo con las dos manos, ella sonrió y le agradeció por el consejo, desde entonces él con pena pero con interés preguntaría para que serían los ingredientes que estaba comprando, ella respondió que ayudaba a su madre a preparar el almuerzo y que a su padre le gustaba mucho las ensaladas. 

Sin titubear él preguntó que donde vivía. A unas cuadras, respondió. José pidió permiso para acompañarla a su casa aunque temblando internamente, sentía como un volcán interno se apoderaba de su cuerpo. A lo que nuestra amiga asintió. 

En el camino, ella le contaría que estaba de visita donde sus padres, ya que vivía con sus abuelos en Puerto La Cruz, estado Anzoátegui. Que eran unos días que estaba por Caracas. Al llegar a su casa, José no evitó pedir su número para enseñarle la ciudad, lo anotó en un papel junto a su nombre. María. 

Él temblaba, sus manos sudorosas jugaban con su bolígrafo y mientras se preguntaba ¿Cuando llegará?. Preguntas y respuestas que sólo se rompió con un Hola ¿cómo estas?, aquella voz que lo emocionó como la vez primera que la escuchó calmó su alma, sus nervios desaparecieron y su rostro cambió y con una sonrisa respondió con la misma pregunta. Esa tarde sirvió para conocerse mutuamente, descubrió que le gustaba el chocolate y que las rosas rojas eran la mejor opción para hacerla sonreir. Fue la primera tarde de muchas que quisieron empezar a compartir. 

Pasaron los días y todas las tardes quería verla, escucharla, y hacerla reír, pero la tarde del 23 de Diciembre cambiaría la historia de ellos. Se encontrarían sus ojos, frente a frente, sus manos temblorosas se juntarían y sus labios obedecerían lo que desde hace tiempo deseaban. Esa tarde fue el primer beso ambos, el primero lleno de amor, el primero para encontrarse, sentirse y disfrutarlo, tan dulce y sincero que no pudieron evitar el segundo y hasta un tercero. 
El reloj seguiría avanzando, y los días también. María recibió la noticia de estar por primera vez enamorada,  por su parte, José también. 

Pero el tiempo es cruel algunas veces, y ese no se para, ni por amor ni dinero, y llegó el momento en que María tuvo que partir. 

Era inevitable que entre ambos no existiera el amor, que no se concibiera por primera vez tan hermoso sentimiento, pero para que existiera tuvieron que aceptar la única condición: 

"Que el amor entre ambos iba a existir pese a la distancia, y que todos los días iban a ser fuertes y apoyarse el uno al otro, amándose todos los días como el primer beso. Así como José (Padre de Jesús) aceptó a María embarazada del Mesías". 

Es Así como el amor lo puede todo, y vence distancia, destruye sus enemigos y sobre todo: Surge no se inventa. Se respeta y se multiplica. 

Amén!





1 comentario:

tvillarroel dijo...

Amigo me has dejado casi sin palabras, que historia tan hermosa, no imaginas las ganas que me han dado de llorar y lo feliz que me hace saber que has conseguido un gran amor y una tremenda fuente de inspiración para escribir tan hermoso cuento, tus reflexiones son como siempre bien acertadas, el verdadero amor debe existir pese a las distancias, ustedes han demostrado en poco tiempo que si se puede y pese a ser muy jóvenes son un tremendo ejemplo para quienes tenemos la dicha de conocerlos.
Deseo que la estrella de la buena energía siempre los acompañe y los bendiga.
Un beso gigante.